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RAMÓN PALOMARES

Jonás

Grave destiempo que corres hacia atrás
Mordiéndote las fauces
A mí, Jonás, me vuelves a mi antaño:
–Lluvia y yerbajos...

Dónde está mi aguardiente,
mi botella que no se apaga nunca
Vamos. ¡Aquí!
No quisiera volver a mis treinta años
Quiero acabar ahora y aquí mismo
–Venga acá mi revólver de secretario del juzgado–
–también la cuerda de amarrar el portón
Esta casa encinada es mi ballena
Me reconozco un asesino... Pero el mar está lejos
–el barco muere y su satánica tripulación
chilla y se arremolina sobre el puente
No fui Yo. Se equivocan
Era una trampa bien urdida
Esta culpa no es mía
Y sin embargo todo ha terminado
el mar me espera
No quiero detenerme Ahí voy
Crash
Qué
La bombilla de luz oscura y azulosa ha vuelto a iluminarse
Agonicé –¿No es cierto? ¿Es mentira Umbelina?

Están tocando en el portón ¡Ya voy!

Es mi hermano el ahogado

–Entonces era cierto...

Caminos arriba

Encontramos agua
Pero ni un alma
El rostro humano aquí
Rara vez se da a ver.


De sur a poniente
montes de labor...
las mujeres con mazos grandes como rocas
maceran el grano
y la vestimenta misionera revolotea junto a ellas.
Un sitio alto y estéril se ve para la aldea como el más sano
–es una loma pedregosa de cuya falda a cuatro vientos
aunque no tiene río
sus manantiales bastan para el agua
–el espectáculo es quieto y lóbrego
la breve iglesia dominando los techos
–apiñadas en la sequedad sepia y terrosa
sin un árbol para aliviar la vista
chozas de barro cn pcrfccta igualdad
Y en la guarda de habitaciones tan ingratas
en aquel mundo extremo–
sus moradores anegados del humo
repelen endiablados mosquitos.
A quien apresa el amor de su suelo
retiene aquel lugar
–de propia mano desmontaban las tierras,
destruían enjambres, despejaban el riego
y resolvían así su vida miserable
–treinta mil matas aseguran el bienestar de una familia
por dos generaciones y media.


Muerte del Sol

Elegía para el Sol donde cante su muerte
con quejidos radiantes corriendo por su fuego
Y la noche tras él estrujándole el cuello
Y él corriendo y corriendo entre su enorme sangre
escondiéndose en su interior buscándose hacia adentro
luego se echa a llorar
y deja tras de sí
en su sacudida
un fuego hambriento
Ella lo asfixia con su frío
y él se despide todo gris, sordo y viejo
hasta que da la espalda
arrastrando consigo
todos los árboles
todas las mañanas
y la dicha y las flores que sembrara una vez
en su vida radiante
sangrando oscuramente
su aroma grave y abismal.

Aquí y ahora

La soledad de una muralla
el sol rechina entre sus piedras
y un turpial abre su opulento fulgor...
Un gesto súbito
Y el predio se ha borrado
Arrecia el fuego y se retuerce una serpiente
el turpial enmudece
y la muralla, el pájaro, la serpiente y yo mismo
nos vemos bajo la sombra de un jardín.
Lagartos y un aliado invisible
nos arrastramos por la arena.
Ahora es imposible detenerse sin avanzar
Estuve antes aquí
La serpiente bebía plácida al sol
y el pájaro se bañaba en la luz...
–echo de menos su canto fúlgido y señero
y el perfil ávido de la serpiente...
Qué fascinación este lugar ansioso
–Ves? todo está aquí por ocurrir y aun yo mismo
vengo escurriéndome por otros linderos
Vamos
te desconciertas pero hoy todo escapa violentamente
...y aún es mía la púrpura en su árbol invisible.